miércoles, 27 de junio de 2007
Por arte de magia
¿Qué se le puede pedir a un genio? ¿Algo material? Mejor no, ¿quizás un poquito de felicidad? Sí, una sonrisa. Y ganas de correr alrededor del mundo. Abrazar a quienes puedan cruzar fronteras. Y juntos celebrar. Eso hizo Juan Carlos Mariño. Trece minutos después de irrumpir en el campo. Con Uruguay rechinando los dientes y el puño dispuesto a estrellarlo en la nariz de cualquier atrevido. Pero al pequeño volante jamás le cortaron las alas. Voló como Peter Pan. Mágico. Como para nunca olvidarlo. Y nos regaló, a los 69’, un gol que uno añora cuando es chico, cuando no hay siquiera para el pan con mantequilla y lo único que queda es soñar. Midió a su marcador, le agitó los zapatos, le hizo una mueca con la cintura y desató un zapatazo al primer palo de Carini. Golazo.
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